23.000 niños, una verdad incómoda
La OCDE acaba de publicar los resultados del estudio más grande que se haya hecho sobre cómo llegan los niños de cinco años al inicio de la escuela. Se llama IELS 2025 —International Early Learning and Child Well-being Study— y evaluó a más de 23.000 niños en ocho jurisdicciones: Azerbaiyán (Bakú y Sumgait), Brasil (Ceará, Pará y São Paulo), Bélgica (Comunidad Flamenca), Corea, Inglaterra (Reino Unido), Malta, Países Bajos y Emiratos Árabes Unidos (OCDE, 2026).
No fueron pruebas de papel y lápiz. Los niños jugaron en tabletas con historias y juegos diseñados para medir diez dominios de desarrollo agrupados en tres dimensiones: aprendizajes fundacionales (alfabetización y matemáticas emergentes), funciones ejecutivas (inhibición, memoria de trabajo, flexibilidad mental) y desarrollo socioemocional (identificación de emociones, atribución emocional, confianza, conducta prosocial y conducta no disruptiva). El estudio también recogió cuestionarios de sus padres y maestros. El resultado es un mapa de 360 grados de cómo están creciendo los niños del mundo.
Colombia no participó. Pero los hallazgos nos interpelan directamente. Brasil sí estuvo, con tres estados que comparten con nosotros brechas, retos de acceso y familias que hacen lo que pueden con lo que tienen. Y las dinámicas que el estudio identifica como determinantes —el rol del hogar, la lectura compartida, las brechas socioeconómicas tempranas— son las mismas que la evidencia colombiana ya documenta. El Informe No. 116 del Laboratorio de Economía de la Educación (LEE) de la Universidad Javeriana, "Desigualdades que se leen" (LEE, 2025), confirmó que en Colombia solo el 32% de los padres lee regularmente a sus hijos (DANE, 2023) y que el 48% de los niños termina la primaria sin poder comprender un texto básico (Banco Mundial, 2022).
Los hallazgos de la OCDE no nos dicen algo nuevo. Nos lo confirman con la muestra más robusta hasta la fecha.
El dato que cambia la conversación
Entre todas las actividades que los padres pueden hacer con un niño menor de cinco años —contarle historias, jugar con números, cantar canciones, usar apps educativas— hay una que se destaca por encima de las demás.
Es leerle desde un libro.
El informe lo dice sin rodeos:
"For children aged 5 and under, books outperform screens when it comes to learning. Among a range of home learning activities on which IELS collected information, reading to children from a book shows the strongest associations with children's outcomes in several domains. Meanwhile, more than half of the children in the study were reported to use a digital device daily, but digital practices were weakly and occasionally negatively related to children's outcomes."
"Para los niños de 5 años o menos, los libros superan a las pantallas en lo que respecta al aprendizaje. Entre una variedad de actividades de aprendizaje en el hogar sobre las que IELS recopiló información, leerle a los niños desde un libro muestra las asociaciones más fuertes con los resultados de los niños en varios dominios. Mientras tanto, se informó que más de la mitad de los niños en el estudio usan un dispositivo digital a diario, pero las prácticas digitales estuvieron débil y en ocasiones negativamente relacionadas con los resultados de los niños."
— OCDE (2026, p. 15)
Los números detrás de esa afirmación son concretos. En el capítulo 5 del informe, el análisis muestra que los niños a quienes les leen desde un libro cinco o más días a la semana obtienen 32 puntos más en alfabetización emergente y 23 puntos más en matemáticas emergentes que aquellos a quienes les leen menos de una vez por semana. Esa diferencia se mantiene incluso después de controlar por el nivel socioeconómico de la familia (OCDE, 2026, p. 89). No es que las familias con más recursos lean más y por eso les vaya mejor. Es que leer, en sí mismo, marca la diferencia.
¿Y las pantallas? El 46% de los niños de cinco años ya usa un dispositivo digital a diario. Pero las actividades educativas digitales compartidas con los padres mostraron una asociación "débil e inconsistente" con los resultados de los niños, y en algunos dominios la relación fue negativa, especialmente en la Comunidad Flamenca y los Países Bajos (OCDE, 2026, p. 91).
Lo que los padres hacen importa más que lo que tienen
El segundo hallazgo grande del estudio sacude algo que solemos dar por hecho. Sabemos que las familias con más recursos tienden a criar niños con mejores indicadores. Pero el IELS 2025 encontró que eso no es toda la historia:
"The quality of home learning environments varies markedly by socio-economic status, but what parents choose to do with their children matters. Children whose parents spend more time engaging with them in educational activities have stronger outcomes in emergent literacy, emergent numeracy, and in some social and emotional development domains, on average. Supporting disadvantaged families in providing rich home learning environments can promote better outcomes and reduce inequalities."
"La calidad de los entornos de aprendizaje en el hogar varía notablemente según el nivel socioeconómico, pero lo que los padres eligen hacer con sus hijos importa. Los niños cuyos padres pasan más tiempo participando con ellos en actividades educativas tienen, en promedio, resultados más sólidos en alfabetización emergente, matemáticas emergentes y en algunos dominios del desarrollo social y emocional. Apoyar a las familias desfavorecidas para que proporcionen entornos ricos de aprendizaje en el hogar puede mejorar los resultados y reducir las desigualdades."
— OCDE (2026, p. 15)
Andreas Schleicher, director de Educación de la OCDE, lo pone en otros términos en el prefacio:
"The most powerful interactions are often the simplest ones, such as those that involve attention, language, curiosity, and exchange. A conversation. A question. A shared moment over a book."
"Las interacciones más poderosas suelen ser las más simples: las que involucran atención, lenguaje, curiosidad e intercambio. Una conversación. Una pregunta. Un momento compartido frente a un libro."
— Schleicher, en OCDE (2026, p. 3)
La evidencia colombiana confirma la urgencia de este mensaje. Según el Informe LEE No. 116, con datos de la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo (DANE, 2021), los adultos en Colombia dedican un promedio de 48 minutos diarios a leer o contar cuentos a menores de 5 años. Pero ese promedio esconde una brecha que duele: las familias de los estratos más bajos rondan los 30 a 35 minutos diarios, mientras que las de estratos altos alcanzan 60 a 70 minutos, llegando en muchos casos a superar los 100 minutos. El propio informe LEE lo sintetiza así: "el estrato 6 en promedio lee y cuenta cuentos a los hijos más de tres veces de lo que lo hace la familia de estrato 1" (LEE, 2025, p. 4).
Esa diferencia de 30 a 70 minutos diarios, acumulada durante cinco años, representa miles de horas de estimulación que unos niños reciben y otros no.
A los cinco años, la historia ya se está escribiendo
Quizás el dato más duro del informe: las brechas socioeconómicas a los cinco años ya son enormes. Los niños de familias con más recursos obtienen entre 60 y 70 puntos más en alfabetización y matemáticas emergentes que los de familias con menos recursos. Y esas brechas no aparecen solo en lo cognitivo. Se extienden a la confianza, la conducta prosocial y la capacidad de autorregulación (OCDE, 2026, p. 15).
Schleicher es directo:
"Here is the uncomfortable truth: the results from the OECD's Early Learning and Child Well-being Study (IELS 2025) show that by age 5, those gaps are already wide, both within and across countries. (...) This is not just an education issue. It's an economic issue, a social issue and a question of fairness."
"Esta es la verdad incómoda: los resultados del Estudio de Aprendizaje Temprano y Bienestar Infantil (IELS 2025) muestran que a los 5 años, esas brechas ya son amplias, tanto dentro como entre países. (...) Esto no es solo un problema educativo. Es un problema económico, social y una cuestión de justicia."
— Schleicher, en OCDE (2026, p. 3)
En Colombia esas brechas tienen nombre y apellido territorial. El LEE (2025) documentó que el índice de involucramiento parental en actividades educativas varía desde 3.30 en Guainía hasta 5.30 en Risaralda, en una escala de 0 a 10. En ningún departamento del país el promedio alcanza el punto medio de la escala (LEE, 2025, p. 7). El margen para crecer es grande.
Un niño no se puede partir en pedazos
Los niños que van bien en un área tienden a ir bien en las demás. Y los que van mal, van mal en todo. El IELS 2025 lo documenta con claridad:
"Large shares of children with strong outcomes in one dimension of early learning and development also show strong outcomes in other dimensions, and the same holds for weaker outcomes. Policies to support children with relatively weak early skills need to address multiple dimensions at once."
"Grandes proporciones de niños con resultados sólidos en una dimensión del aprendizaje temprano también muestran resultados sólidos en otras dimensiones, y lo mismo ocurre con los resultados más débiles. Las políticas para apoyar a los niños con habilidades tempranas débiles deben abordar múltiples dimensiones a la vez."
— OCDE (2026, p. 15)
Esto tiene una consecuencia práctica directa: cualquier intervención en primera infancia que solo trabaje una competencia aislada se queda corta. Los recursos y programas que combinan lenguaje, números, juego, música y narrativa en una misma experiencia están más alineados con lo que la evidencia recomienda.
Padres involucrados, niños más seguros
El último mensaje clave del informe toca la dimensión que menos se mide pero que más se siente en un hogar. Los niños cuyos padres participan activamente en sus centros educativos muestran ventajas de entre 22 y 52 puntos en los dominios socioemocionales: confianza, conducta prosocial y conducta no disruptiva. Y esa ventaja se mantiene después de controlar por nivel socioeconómico (OCDE, 2026, p. 92).
"Children whose parents are strongly involved in their early education settings at age 5 have higher scores than peers with less involved parents in many domains, particularly in social and emotional development. This relationship holds after accounting for socio-economic status."
"Los niños cuyos padres están muy involucrados en sus entornos de educación temprana a los 5 años tienen puntajes más altos que sus compañeros con padres menos involucrados en muchos dominios, particularmente en el desarrollo social y emocional. Esta relación se mantiene después de controlar por nivel socioeconómico."
— OCDE (2026, p. 15)
En Colombia, según el LEE (2025), el 94% del acompañamiento lector en primera infancia recae en las mujeres. Y el involucramiento parental general cae a su punto más bajo precisamente en tercer grado (índice de 4.26/10), justo en la transición de "aprender a leer" a "leer para aprender" (LEE, 2025, p. 6). Cuando los niños más necesitan el puente entre la casa y la escuela, las familias se retiran.
El futuro empieza en los hogares
El informe abre con una frase que ya se ha convertido en referencia obligada en educación:
"If you want to understand the future of a country, do not start in its universities. Start in its kindergartens, creches and nurseries."
"Si quieres entender el futuro de un país, no empieces por sus universidades. Empieza por sus jardines infantiles, guarderías y salas cuna."
— Schleicher, en OCDE (2026, p. 3)
Tiene razón. Pero los propios datos del informe sugieren que hay que empezar un paso antes.
Mucho antes de que un niño entre a un jardín, ya está aprendiendo. Lo hace en la cocina, en el bus, a la hora de dormir. Lo hace con quien lo cuida. Y las interacciones que más pesan son, precisamente, las más cotidianas: un cuento, una pregunta, una canción.
Nos atrevemos a decir que el futuro de nuestras naciones está en nuestros hogares.
En Dialegu trabajamos para que eso no se quede en una frase bonita. El Programa de Lectura Julio es nuestra apuesta concreta para Norte de Santander. Lleva el nombre de Julio García-Herrero, exdirector de la Biblioteca Julio Pérez Ferrero de Cúcuta, como homenaje póstumo a un hombre que dedicó su vida a poner libros en las manos de quienes los necesitan. El programa usa la metodología El Universo en una Hoja: papiroflexia literaria que transforma una hoja tamaño carta en un libro de 16 páginas con ilustraciones, canciones originales y guía de lectura familiar. Seis títulos que cubren desde conciencia fonológica para bebés hasta narrativa de identidad territorial para niños de primaria. Gratis. Sin pantallas. Sin apps. Solo una hoja, una impresora y las ganas de leer juntos.
Veinte minutos al día. Una hoja. La voz de quien te quiere. Eso basta para empezar a cambiar una vida.
Referencias
Laboratorio de Economía de la Educación [LEE]. (2025). Informe No. 116: Desigualdades que se leen: análisis territorial y socioeconómico de los hábitos de lectura en Colombia. Pontificia Universidad Javeriana. https://lee.javeriana.edu.co
OCDE. (2026). Building Strong Foundations for Life: Results from the 2025 Early Learning and Child Well-being Study. OECD Publishing. https://doi.org/10.1787/02bf8efe-en
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